La lectura sigue en alza
El estudio de Poynter Institute (Eye Track 2007) de alguna manera confirmó que, muy al contrario de lo que se afirmaba (por superstición más que nada) la lectura de las ediciones digitales es más prolongada y profunda incluso que en los periódicos impresos. Fue una gran noticia. Se lee y mucho. No será aún todo lo confortable que debería ser, pero se lee. La poca portabilidad que tienen las ediciones digitales, en comparación con la que tiene el libro o el periódico, no son una barrera para la lectura en pantalla. Muchos se hicieron los distraídos con la confirmación que logró dar el informe de Poynter. Tal vez para no asumir que en realidad ocurre una crisis del soporte (papel) y no de la lectura en sí misma. Con los matices que cada mercado presenta y según la brecha digital que cada uno tenga, la realidad va confirmando y consolidando el cambio cultural que empezó con la masificiación de la red de redes.
Los productos culturales en soporte papel se enfrentan a crecientes presiones por los continuos cuestionamientos que se les hace desde muchos aspectos: medio ambientales (tanto por la producción de papel, como por su transporte, su fabricación y, en menor media, por su impresión), hasta sociológicos y profesionales. Los nuevos medios digitales han creado grandes oportunidades de desarrollo de contenidos que prescinden del papel al punto de que hoy tenemos varias generaciones que tienen acceso a múltiples plataformas y todas ellas son digitales. Inclusive se están (estamos) acostumbrando al cambio dentro del cambio: la utilización de los dedos y ya no tanto del ratón informático o de botones de teclados para seleccionar contenidos en una pantalla, donde ésta ya no es sólo soporte facilitando la representación sino, de alguna manera, es parte del contenido.
La simplificación en los accesos a los contenidos desde el diseño de la interface y de la organización de la información se hace cada vez más evidente. También se consolida la necesidad de que los dispositivos móviles, por ejemplo, permitan concentrar cada vez más funciones que nos aporten portabilidad, productividad y conectividad en cualquier lugar, a cualquier hora y con cualquier contenido y desde un sólo dispositivo. En paralelo, la continua demanda de acceso inalámbrico y de contenidos audiovisuales, parecen empezar a delinear un colapso de la red en el corto plazo.
Este contexto está también empujando al desarrollo de los nuevos libros electrónicos que aún no logran llegar a establecer un estándar que permita evolucionar luego hacia una plataforma o dispositivos maduros y con cierto grado de éxito comercial. Sin la experimentación y la innovación disruptiva es difícil que se logre. Algunas aproximaciones avanzan en un sentido más que positivo pero aparentan estar, al menos de lo que se puede ver, lejos aún de un óptimo deseable. Igual no deja de ser un paso alentador. Cambian los medios, cambian los soportes pero la laectura sigue en alza.
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